Por Mariana Bolzán
El hartazgo de las mujeres por los piropos callejeros comienza a circular por las redes sociales y los espacios públicos de muchas ciudades del mundo, mientras otros proponen celebrarlo y se lamentan por el hábito perdido. Qué es lo que está implícito en esa práctica que es tan imperceptible como violenta y cuáles son los sentidos que se ponen en juego cuando los señores avanzan sobre los cuerpos de las mujeres, en voz alta y en la calle.
“Tengo un pedazo así de grande”, me dijo el tipo que me abrazó en medio de la calle cuando volvía de trabajar. Entre la apoyada repugnante, el gesto de sus manos y su cara libidinosa habían pasado dos cortos segundos. Mientras el tipo tuvo tiempo de irse caminando, tranquilo y satisfecho, yo no pude salir de mi perplejidad. Era sorpresa y era miedo. Y era bronca por no reaccionar. Me fui por la calle imaginando las miles de puteadas y estilos de trompadas que le hubiera propiciado de no haber sido por la anulación del momento.
El tipo me abrazó, me apretó, acercó su cuerpo al mío que ni siquiera pudo usar la resistencia. Si hubiera venido alguien con un puño a pegarme, quizá lo hubiera esquivado. Ni siquiera el reflejo que responde a la agresión tuve: la violencia simbólica es brava pero invisible.
Otra vez, un señor que se bajaba de un remís manifestó quemehacíadetodo. Otro me anticipó lo que me iba a pasar si llegaba a agarrarme. Yo supongo que a todos esos casos hacen referencia los que dicen que el piropo está perdido. Algunos, hasta intentaron declararle un día festivo. Silvio Soldán dijo que con esto de la igualdad entre el hombre y la mujer se había perdido la costumbre tan linda y noble como la de decirles cosas a las mujeres en la calle. Yo me pregunto qué tiene de noble la amenaza de quedar-toda-rota-si-me-agarra. No me jodas, Soldán.
El piropo no está bueno, en general. Las mujeres, si bien a algunas les molesta más que a otras, habitualmente, no lo disfrutan. Y los tipos lo saben. Si hay algún piropeador leyendo estas líneas lo convoco a que me responda si alguna vez vivieron alguna situación en la que la mina en cuestión se volviera sobre sus pasos y les dijera “dale, te paso mi teléfono” o “sí, viste qué culo que tengo, te invito a mi casa” o “bueno, casémonos”.
*si le pareció fuerte el título, imagínese escucharlo en la calle, diariamente, con aditivos y adjetivos varios, desde la pubertad en adelante.
(La nota completa se encuentra en la edición impresa de La Chancleta)
2 comentarios:
No se puede llamar piropo a eso... esas son frases desagradables, vulgares y insultantes a veces... los piropos estan bien... ya que los piropos son delicados, como cortos poemas para alagar a alguien... no es lo mismo decir un piropo (en este caso tonto, simple y quemado) como "Te dolio cuando te caiste del cielo, angel?" que decir (y cito a un compañero de escuela, disculpen pr las palabras) "Que linda maquina de cortar sor*tes"... no se lo puede llamar piropo a eso...
jaja! Terrible esa frase! Coincido con vos! No es lo mismo obvio, pero Pero a mí, por lo menos, no me gusta que me digan "que linda que estás mamita" mientras paso por una vereda con 6 tipos de cada lado mirándome... Es súper incómodo sin ser guarango. A algunas no les molestan los piropos quizá. Yo prefiero elegir qué tipo puede decirme las cosas que quiero escuchar ;)
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