domingo 15 de noviembre de 2009



Caminando despacito hemos llegado a los dos pirulos. Este cumple nos encuentra con ganas de más, así que prepárese para encontrarse con Chancletas renovadas (con hebillas y otros moñitos) el año que viene. Por ahora, si se topa con una, dése el gusto de sentarse en el cordón y hojear un poco de ciudad con nosotros.

En este número le convidamos con:

·Historia de otro despojo. Por Roberto Viglione
Lo público pierde terreno: cómo el Balneario Los Arenales puede convertirse en un country.

·Changomás: Hecha la trampa, hecha la Ley. Por Mariana Bolzán
Una ley de hipermercados que duerme. Un grupo de personas que hacen sonar su descontento e intenta despabilar a la indiferencia.

·Historias deshilachadas. Por Ma. Emilia Elizar
Un recorrido visual y auditivo por los colectivos que reúnen historias reales y fantásticas.

·Nuevo atractivo turístico: Papa Gigante a la vista. Por Camila Fernández
Un mega-monumento-millonario se pretende construir en el Parque Nuevo. Si Nueva York tiene, nosotros también.

Además:
· La Torre de Mabel con textos de Manuel Podestá y Roberto Viglione
· Esta vez te hacemos El Guiño con el último libro de Guillermo del Toro, por Ma. Cecilia Barrandeguy y El libro de las memorias de Billie Holiday, por Paola Calabretta.


Consiga su Chancleta en Parada Rivadavia/ Librería Códice/ Librería Correveidile

domingo 23 de agosto de 2009

Ya salió La Chancleta Nº 11!

Comienzan los primeros días cálidos, empieza a calentarse el ambiente.
Hay que hablar de ciertas cosas.




En este número, te fogoneamos con:

"La revolución Verde: Soja RR"
, por Camila Fernández.
Un informe sobre la expansión del monocultivo y el cuentito de las "semillas mágicas".

Historias, más historias... destrás de las puertas
. por Ma. Emilia Elizar
Entrevista a Antonio Dayub, un paranaense que, desde Rosario, revive historias a través de las cámaras.

"Una crónica licuada", por Roberto Viglione. Una de esas crónicas chancleteras, por la noche y con Los Licuados.

"Un ángel para tu soledad", por Mariana Bolzán. La proliferación de los mensajes al 2020 en tiempos de soledad.

Además: La torre de Mabel con Fotografías de Federico Brollo, poesías de Mariano Figueroa y Santino Rossi

El Guiño reseña: "No es otra película de cárceles", por Luciana Actis; y "Persépolis: la vida en blanco y negro" por Ignacio Grünbaum


Ilustración: Damián (Moncho) Malatesta/
Fotografía: Sebastián Arcoba/ Diseño: Cecilia Barrandeguy


Sólo $3/en Parada Rivadavia /en Correveidile/en Librería Códice

domingo 9 de agosto de 2009

El mercado se comió al Mercado

por Roberto Viglione


El tradicional Mercado La Paz deja de latir para darle su lugar a un ícono de la posmodernidad: un shopping, acaso uno de los anhelos de la sociedad paranaense. El rol del Estado. El destino de los puesteros. El ciudadano devenido consumidor.



Los tiempos cambian, dicen muchos, y hay que adaptarse a la modernidad. Enclavado en un lugar estratégico de la ciudad (Pellegrini y Venezuela), el Mercado Central La Paz va camino a convertirse en un shopping. Un paraíso de consumo que muchos locales y visitantes consideran increíble que no haya en Paraná.

Del proyecto del shopping se viene hablando desde 1994, en el esplendor de la década menemista. Desde entonces, por el Mercado han pasado lobbistas, funcionarios con roles ambiguos, escaladores oportunistas, mesías con portafolio, prometedores profesionales y algún arquitecto con sueños de crear la meca del consumo.

Hace un tiempo se abrieron las licitaciones para la refacción y puesta en valor del Mercado, y ganó una empresa: YMK S.A., que pagaría la irrisoria cifra de $ 8.000 mensuales de canon. Otra vez el Estado idiota que se deja engañar por espejitos de colores y van… La idea de la Municipalidad (y de la empresa) es trasladar a los puesteros a un lugar cercano: a Perú y Chile, donde funciona la Dirección de Emergencias Médicas de la Provincia.

Ese lugar también fue prometido como espacio de comercialización a los vendedores ambulantes de la peatonal y la Plaza de Mayo. Desde diciembre deberían haber estado instalados allí, pero llegando a la mitad del año, la situación cambió poco y nada: el lugar está semidesierto y sólo pintaron un muro para que se genere una sensación de inminente traslado. Y los vendedores continúan en la peatonal.

La dilatación del cumplimiento de la medida para con los vendedores ambulantes, hizo crecer el escepticismo entre algunos puesteros que se preguntan por qué habría de ser distinto el panorama para ellos.

Los puesteros que aceptarían la propuesta y que creen que el Mercado como está no puede seguir funcionando, exigen que el traslado sea lo menos traumático posible y que el lugar de destino tenga las condiciones edilicias y de funcionalidad adecuadas para trabajar. No quieren que pase mucho tiempo en la transición de la mudanza, porque un día sin trabajar les cuesta demasiado.

El edificio donde funciona el Mercado La Paz fue donado en 1922 por la familia Berduc. Allí hay más de 30 personas que laburan, viven de eso y pagan sus cánones a la Municipalidad como corresponde. Algunos de estos puesteros están desde hace más de 50 años, en otros casos son un par de generaciones que sobrevivieron a ministros de economía que confundían la Nación con una empresa y a intendentes con menos visión de panorama que el Chapu Braña.

Una de las concejales oficialistas que acudió a la reunión con los puesteros del Mercado, apoyó la idea del shopping porque “los fines de semana me aburro encerrada y sino tengo que irme al shopping de Santa Fe”. Escenas paranaenses de menemismo tardío.

Se trata de una inversión cercana a los 15 millones de pesos y el plazo para la concreción de los trabajos se estima en aproximadamente 10 meses. Se proyecta la instalación de 35 locales, playa de estacionamiento subterránea, locales comerciales y gastronómicos.

Hay una retracción del Estado en situaciones como ésta, en las que se pone en juego lo público, lo de todos. En Paraná tenemos tristes antecedentes en ese sentido, donde el sector privado hizo fabulosos negocios a costa (y en lugar) del Estado: en las playas del Thompson, en el galpón del Puerto Nuevo y en la casi segura venta del Hipódromo, sólo por citar algunos casos.

No es casual aquella postura de que el Estado todo lo maneja mal y lo administra peor. Es un discurso lanzado desde ciertas estructuras de poder que se fue enraizando en las clases medias y hasta en algunos sectores populares. Es una construcción discursiva que les ha servido de mucho a las empresas para tomar áreas y tareas estratégicas del Estado y hacer grandes negociados con la venia (y los bolsillos abiertos) de las administraciones de turno, sean ellas peronistas o radicales.

Hay ejemplos de que espacios como éste funcionan en medio de la era de los shoppings y la posmodernidad. En el corazón de Capital Federal, en el núcleo del barrio de Caballito, Primera Junta, existe el Mercado del Progreso, un lugar de casi una manzana que sigue vendiendo mercaderías, carnes, frutas, verduras, etc., como desde hace varios años. Este cronista, de niño, era un asiduo visitante de ese mercado, cuando acompañaba a su madre a hacer las compras. Hoy, los cheffs de vanguardia del canal Gourmet recomiendan comprar allí por el trato personalizado, la experiencia de los puesteros y la calidad de los productos. Y eso no quiere decir que ese barrio se haya quedado en el tiempo. A cinco cuadras de ese lugar funciona un típico shopping como los que abundan en Buenos Aires. Ambos conviven y subsisten tranquilamente, no es un milagro porque está determinada la función de cada uno y la gente sabe qué va a buscar a cada lugar.

Con respecto al Mercado La Paz, que hace 20 años llegó a tener cien puestos, las distintas administraciones lo han ido dejando caer. La desidia y el abandono fueron moneda corriente y permitieron que en la comunidad local vaya prendiendo la idea de que “algo hay que hacer con el Mercado”. En las últimas administraciones, cada puesto que cerraba o se iba del mercado, se derribaba, y así se ha reducido notablemente la cantidad de puestos instalados. Sólo en la administración de Humberto Varisco (1987-1991) hubo un mejoramiento de las condiciones edilicias del edificio, se le dió cabida a los reclamos de los puesteros y se regularizó la situación con ellos.

Junto con la buena administración del Mercado, la colaboración del Estado con los puesteros y de la mano de la cultura se podía volver a poner en valor este mítico espacio. Hasta hace poco dos de los mejores bares de la ciudad estaban allí, sobre calle Venezuela, ligados con el Mercado y con propuestas artísticas que atraían a los jóvenes constantemente. No sólo los bares: hasta hace unos meses estaba el Centro Cultural La Panadería, que organizaba recitales, obras de teatro y demás. Hace poco más de tres años, un viernes de otoño, se hizo en la instalaciones del lugar un recital de música cubana organizado por la Municipalidad, en el que mucha gente pudo disfrutar de un buen show en un sitio muy caro a los sentimientos de pertenencia de los paranaenses. Si se hizo una vez desde el Gobierno Municipal y se dejó que el arte se entremezcle con el Mercado, por qué no se lo puede hacer ahora.

Es Estado tiene las condiciones y las herramientas necesarias para reflotar y revivir lugares que poseen una tradición y una importancia enormes para el verdadero desarrollo estratégico de la ciudad. Es potestad del Municipio y de todos los paranaenses decidir que el Estado se haga cargo de las tareas que le corresponden, o seguir regalando lugares públicos y que el mercado se coma al Mercado.

domingo 2 de agosto de 2009

La chancleta en imágenes





domingo 12 de julio de 2009

La chancleta en diario Uno

Así es.


“La chancleta” ya publicó sus primeros 10 números
Caminando por la vereda de la cultura
La publicación independiente sigue abriéndose paso en Paraná. Escenario dialogó con sus hacedores.


“Uno se pone las chancletas para andar cómodo, señores/as; para bajarse de la cama y correr a la cocina a preparar el mate, abrir la heladera y verificar por extensos minutos lo que contiene... Por eso mismo una revista de semejante nombre”, así se presentaron en diciembre de 2007 los hacedores de la revista bimensual La Chancleta.
Ellos son Camila Fernández, Roberto Viglione, Mariana Bolzán y Emilia Elizar, en redacción; Sebastián Arcoba, en fotografía; y Cecilia Barrandeguy, en diseño gráfico.
Esta semana, La Chancleta volvió a salir a la calle para hacer su habitual caminata cultural. Una nota central sobre la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual; una entrevista a la profesora Claudia Kozak acerca de qué es ser joven en la actualidad; una crónica de la noche paranaense tras la ordenanza que limita el horario de bares y boliches; una reflexión sobre la venta del Mercado Central La Paz; humor gráfico de Maxi Sanguinetti; cuentos, y reseñas musicales y cinematográficas. Todo esto es lo que el lector encontrará en el 10º número de este varieté impreso.
“Al ser bimensual tenemos mucho más tiempo para escribir. A diferencia de un semanario, u otro tipo de revistas, tenemos tiempo para hacer un análisis, investigación, informes. Podemos detenernos a hacer algo más profundo”, dice Mariana Bolzán.
Por ser un medio independiente, La Chancleta se jacta de dar sus propios puntos de vista sobre cada tema que aborda. Roberto Viglione destaca que “los límites siempre han tenido que ver con nosotros mismos; no dependen de que alguien nos haya dicho qué podemos o no podemos escribir. Tenemos diferencias entre nosotros, pero termina saliendo lo que decidimos por mayoría”.
Desde hace tres números, La Chancleta cuenta con 24 páginas. “Decidimos ampliar la revista para elevar la calidad de las notas y, además, dar más lugar para las colaboraciones, fotografías y reseñas”, destaca Cecilia Barrandeguy, que en este número hizo su debut como redactora, y añade que “siempre damos espacio a colaboraciones para que cierta gente que no está habituada a publicar lo que escribe, pueda hacerlo”.
La Chancleta ya se ha forjado un nombre desde su aparición, pero para un medio independiente lo más difícil es la distribución, “no tanto el darse a conocer, porque el boca en boca funciona muy bien. Tampoco es fácil mantener una publicación con un precio de tapa de dos pesos. Por eso, lo que más tratamos de hacer es salir a eventos e instalar una mesa para vender directamente”, explica Mariana.
La tirada de la revista varía entre los 100 y 300 ejemplares y puede conseguirse en el puesto de revistas de Rivadavia y Buenos Aires, y en las librerías ubicadas en San Martín 664 y La Paz 82.


Para ver la nota en su formato original, click acá

(Gracias Luciana)

martes 23 de junio de 2009

Salió La Chancleta Nº 10!

En este invierno, encontrá a La Chancleta de nuevo en las calles paranaenses y empezá a leer



Para este número, convidamos con:
·Juventud: divino tesoro, por Camila Fernández. Una entrevista con Claudia Kozak sobre la juventud.

·Multimediocracia, por Ma. Emilia Elizar. Apuntes a raíz de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.


·La noche en pedazos, por Mariana Bolzán. Un recorrido por la noche de la ciudad, intervenida por la ordenanza de cierre temprano de bares y boliches.

·El mercado se comió al Mercado, por Roberto Viglione. La concesión del Mercado Central la Paz devenido en Shopping y paseo de compras.

Además: Lo nuevo de Sin Sol, por Andrea Fontana.
y De la India a Hollywood, por Ma. Cecilia Barrandeguy.

La Torre de Mabel con Ilustraciones de Maxi Sanguinetti
y un cuento de Ramiro Bisa.



Sólo $2/ en Parada Rivadavia/ en Correveidile/ en Librería Códice

Capuccino + algún chocolate + La Chancleta al sol... ¿podés pedir algo más?

sábado 20 de junio de 2009







Hipódromo de Paraná, por Sebastián Arcoba

miércoles 29 de abril de 2009

La chancleta en imágenes

Tenemos infinidad de imágenes e ilustraciones que sus ojos merecen ver.
Y que nosotros decidimos compartir.












Las fotografías son de Sebastián Arcoba

miércoles 15 de abril de 2009

No somos Pronto. No somos Paparazzi. Los traseros han invadido la TV y los recuerdos del verano. Dicen que se vende más… y no podíamos quedar afuera


En este número:
Culos. Más que una obsesión que sale en la tele. Por Roberto Viglione Un informe que intenta analizar el fenómeno de los traseros mediatizados y la obcecación de los argentinos (y la TV) por la parte de atrás.
Un argentino en Orsai.
Por Mariana Bolzán
Entrevista con Hernán Casciari, el argentino radicado en España, hacedor de diversos blogs y creador de la blogonovela “Más respeto que soy tu madre”.
Viaje al infierno.
Por Camila Fernández
Crónica casi Homérica de las peripecias de un viaje en traffic por las onduladas rutas del interior de la provincia.
Se busca.
Por María Emilia Elizar
Aciertos e infortunios de la tarea de buscar trabajo. Una vuelta por los minutos incómodos de la entrevista laboral.

Además: Un compendio de artículos de Sarlo. Por Cecilia Ré.

La mujer sin cabeza.
Por Nahuel Baridon.


Y poesías de Carolina Amaro y Jorgelina Arribillaga.

Conseguí tu chancleta en el kiosco de revistas Parada Rivadavia (Rivadavia 109), en las librerías Códice (San Martín 664) y Correveidile (La Paz 82).
Sólo a $2
la-chancleta@hotmail.com

www.revistalachancleta.blogspot.com

domingo 21 de diciembre de 2008



No se la puede perder. Terminamos el año con un regalito de Navidad:

Con este número, y para terminar el año brindando, encontrará un vale de Uniko bar, que le permite llevarse dos tragos al precio de uno!

Además:

Un milagro va a acontecer en su vida. La disputa por la palabra divina. Mensajes del más allá en las distintas religiones que buscan monopolizar la fe, y algunas ganancias.

Por María Emilia Elizar

Manacha Yañez o la pasión por la actuación. Entrevista con una actiz de profesión.

Por Roberto Viglione 

Audiencia pública por la Planta de tratamiento de Residuos Sólidos Urbanos. Paraná se hizo escuchar: Crónica sobre la discusión pública acerca del proyecto oficial

Por Camila Fernández

Fin de año en Paranoia City. Conductas y manías en tiempos de fin de año.

Por Mariana Bolzán

Además:

El día que los Coen vieron a Tinelli. Por Rodrigo Barba

Jean-Luc godard: el cine como una situación filosófica. Por Angelina Uzín Olleros

En la torre de Mabel de esta edición: Poesía de Ma. soledad González

Tan sólo a $2.  la-chancleta@hotmail.com

viernes 12 de diciembre de 2008



¿Hablamos un poco sobre el teatro paranaense a fin de año?

Aquí va una entrevista (hecha hace ya tiempo) a Mingo Dusse, gran compañero de Radio Cualquiera y teatrero de la ciudad. ¡Salute! Brindo por vosotros navegantes...

Por Camila Fernández

Entrevista a Domingo Dusse

Minutero: ¡Minga!

Una voz femenina me dijo “ya viene”. Paulatinamente fue subiéndose el volumen de una animada melodía silbada, hasta que Domingo Dusse habló al teléfono. La conversación fue larga. No podíamos concertar un día para la entrevista porque el hombre tiene demasiadas ocupaciones. Le propuse encontrarnos luego del programa que lleva a cabo desde septiembre de 2006 en Radio Cualquiera, “Palabras Mayores”, pero recibí un rotundo “no”: tenía ensayo de una obra de teatro. Al día siguiente tampoco podía: debía asistir a la reunión para otra obra, “Rosita la soltera”. Finalmente acordamos para unos días después en La Hendija, pero no iba a presentarse solo, sino con Mario Bozzi y Artemio García, sus compañeros de programa.

Eran las veinte y pico cuando llegué al lugar pactado. Domingo (Mingo, para todo el mundo) estaba esperándome sentado. Enseguida nos fuimos al lugar más fresco de La Hendija para desprendernos definitivamente del calor una vez atravesada la puerta principal. Mingo se encargó de acabar con el avasallador ruido que produce el freezer, desenchufándolo, para poder charlar en armonía y aprovechar la calma que caracteriza al centro cultural los martes a la hora del ocaso. Ambos prendimos cigarrillos. Mientras Mingo hablaba de lo poco interesante que le parecen las entrevistas, pero que todos tenemos algo para decir y que seguro sus compañeros ya estaban por llegar, y que si queríamos empezar y que el nombre de la revista le gustaba porque es femenino; se acomodaba la camisa color natural como si estuviera sacudiendo restos de calor, pasó una mano por su pelo blanco y prolijo y procedió a sentarse.

—¿Qué actividades estás llevando a cabo en estos días, Mingo?

—Estoy haciendo el programa Palabras Mayores, y dejé de hacer dos obras de teatro: Rosita la Soltera, dirigida por Mario Martínez (allá va una hermosa amiga de Rosita la Soltera, que me saluda y yo a ella, chau me dice, ¡atorranta!) y De qué Hablamos, dirigida por Gustavo Morales, porque hace calor y hay pocas salas climatizadas en Paraná. También terminó Teatro Leído, que consistía en un poemario que hicimos sobre los negros, con poemas como “duerme, duerme negrito, que tu mama está en el campo...”. Esa es una de las cosas que yo cantaba, por ejemplo.

—¿Cómo son tus personajes?

—Tengo 70 años, a partir de ahí puedo tener menos: 50, 60 o más, hasta 80. Mis personajes siempre son tipos de esa edad, y ahí empiezo a componerlos para que canten, bailen. Uno como actor puede ponerse o sacarse 10 años de un soplo, y si puede también, ¿no?

—¿A qué recurrís para construirlos?

—A mi vida. A lo que tengo adentro mío. Todos podemos hacer teatro. El tema es si uno se anima a sacar lo que tiene adentro suyo, si sabe cómo también. Entonces uno se prepara, va aprendiendo distintos métodos —explicó mientras llegaba Mario Bozzi y se sumaba a la mesa. Mingo lo saludó cariñosamente y continuó— yo estudié en la escuela de teatro de acá, leí mucho, pero eso no te sirve de nada si no lo transitás. Siempre hablamos de experiencia.

—¿Con cuáles grupos de teatro has trabajado?

—Ahora estoy con Mario Martínez y con Arteatro. También estuve con El Bardo. Muchos grupos me han invitado y siempre fui gustoso a colaborar, porque no hay muchos hombres que hagan teatro.

—¿Cuáles son los obstáculos que atraviesa el teatro en Paraná?

—La falta de salas, de presupuesto, la cultura “culo ‘e perro”, como siempre. Actuar en el Teatro 3 de Febrero, para los piojosos como nosotros, es muy difícil. Aunque uno no es tan PIO-JO-SO. Pero es así, no todos tienen acceso al 3 de Febrero. Además, no podés poner en movilización una sala de 700 localidades para que te vayan 50. No es negocio para nadie. Quiero decir, el 3 de Febrero no tiene por qué ser un negocio para nadie, pero también hay gastos fijos y no comemos vidrio ninguno de los que vivimos en este país.

—En tu opinión, ¿qué representa o qué es Paraná?

—Amo a Paraná. Conozco el mar, la montaña, pero no hay como el río. Como dice el poeta Diamantino “comer asao con galleta y andar en chancletas es bien de Paraná”. Somos entrerrianos chancleteros, tomadores de mate. Quién de gurí no hizo navegar un barquito en la cuneta que va hacia abajo, quién no anduvo con las patas llenas de arena y barro, con las manos sucias con lo gomoso de la lombriz, y el anzuelo que se te corta y que no sabés enhebrar, y la mojarra que se te fue entre las piedras y se escapó y qué se yo. ¡Eso es Paraná! Eso es andar en chancletas, como dicen ustedes.

—¿Cómo surgió la idea de hacer “Palabras Mayores”?

Artemio
—Surgió junto con la radio. Nos invitaron a compartir un espacio. Nosotros en ese momento estábamos con el Centro de la Experiencia de Jubilados y Tercera Edad, donde teníamos un montón de bases escritas en defensa de los derechos de los mayores. Pero ahí nunca llegamos a sumar suficientes socios y tuvimos que bajar las cortinas hace unos meses. Y cuando vinimos a La Hendija, no podía ser de otra manera, que haciendo un programa para mayores.

Mingo
—Teníamos problemas con la prensa porque no nos daba bola. Entonces le dije a Artemio: ¿y si lo decimos a través de un programa de radio? Bueno, ya que los diarios no nos daban bolilla, decidimos hacerlo nosotros. Y ahí empezamos. Mario Bozzi, que era también socio del Centro, recogió la idea y nos ayudó, porque él es médico gerontólogo. Y así pataleamos desde la radio.

—¿Qué es lo que los hace patalear?

Artemio
—Lo primero es que no se les reconozca el derecho a los viejos. Por ejemplo, esta ciudad no está hecha para ellos. Aparte de las veredas no aptas para personas con alguna dificultad para caminar, hay que tener en cuenta que el envejecimiento conlleva una disminución de la vista, y los carteles de las calles tienen letras muy chicas. Nosotros hemos pedido que las agranden, pero nadie nos escucha. Otra cosa son los jóvenes que salen a dar vuelta estos carteles y eso es un peligro. Entonces, como las autoridades no hacen nada, nosotros desde la radio les dijimos: jóvenes, pasen de nuevo y péguenle pa’ el otro lao —dijo Artemio despertando la risa entre los presentes.

—¿Qué opinan de los geriátricos?

Mario
—La sociedad de consumo en la que vivimos dá la misma respuesta para los dos extremos de la vida. A la madre le hicieron creer que para realizarse tenía que trabajar, entonces deja a su niño en una guardería; y al viejo, que ya no es productivo, se lo manda a otra guardería: al geriátrico. A veces no hay más remedio y por eso debería haber geriátricos en buenas condiciones. Pero tienen una de las estructuras más autoritarias y fascistas que existen.
Artemio
—Es lo peor que te puede pasar. Hay desarraigo, abandono, te tienen dopado todo el día y encima te llevan de prepo.
Mingo
—Lo principal es que te sacan de los olores y los colores, los ruidos cotidianos: el perro del vecino, el colectivo que pasa y ya sabés qué hora es, del diariero —dijo Mingo y le dio una pitada al cigarrillo— te meten con gente que no conocés ni querés. Y las enfermeras te tratan de “viejito”, “tesorito”, y ese “ito” es desmerecedor.
Artemio
—Te dicen: a ver la cola abuelo y ¡fa!
Mingo
—Para colmo, si te llegás a hacer de una novia, no tenés donde ejercer la pasión; aunque tengas 75 años…

—¿Qué fue lo que más les costó al empezar el programa?

Mario
—El desconocimiento. Ninguno de nosotros tenía la menor idea de cómo se hace radio.
Mingo
—Y aprendimos junto a Nahuel, nuestro operador, que también era un bananazo que no sabía un carajo, y aprendimos todos, como podrán ver, ¡chiquitina! —dijo Mingo reacomodándose seguro en la silla.

—¿A qué tipo de oyentes se dirigen?

Artemio
—A todos. Tenemos un mensaje para los niños, para los jóvenes (porque hay que recordarles que van a ser viejos y que no es fácil en este país) y a la gente vieja para que no se olvide de que se es viejo una vez, que tienen que avivarse. Algunos se jubilan y piensan que se van a morir. Y no es así —dijo Artemio hamacándose en la silla— nuestro mensaje es que a partir de la jubilación hay que disfrutar de la vida que no se pudo tener antes. Sólo hay que animarse.

Mario
—A los jóvenes les decimos también que el trabajo no es lo más importante en la vida. Que no tienen por qué confundirlo con la identidad. Si vos decís “soy maestra”, cuando dejás de trabajar, dejás de ser. La persona es mucho más que eso. Y entender esto es fundamental. Sino fijate la cantidad de viejos que se jubilan y se frustran.

—¿Tienen idea de quiénes los escuchan?

Artemio
—Salvo la gente conocida no tenemos ni idea
Mingo
—Pero sabemos que tenemos el apoyo de aquellos que se preocupan por los viejos. Nosotros somos tres extrañas aves, espadas individuales y bien afiladas que se han encontrado. Y como viejo que soy, creo que podemos hacer lo que queramos, decir lo que se nos antoje. Tenemos más de 70 años, menos Mario que tiene 57, pero podemos decir lo que se nos dé la gana.
Mario
—“Tres copas” es mejor que “tres espadas” Mingo, eso es muy agresivo.
Mingo
—Bueno, ponele “tres copas” mejor. Y dejá $10 pa’ el porrón así quedamos a mano…

Cuando la Navidad se avecina... empezamos a recordar algunas imágenes tipo


(por Camila Fernández)


Ella no para de hablar. Siempre es lo mismo y a sus historias las conocen todos. El ritual de verla acercarse hacia la punta de la mesa, sostenerse con las manos en el apoyabrazos de la silla y apuntar con su enorme traste al almohadón con solemne movimiento de quien está viejo, y precisa el tiempo del mundo para acomodarse, asusta a cualquiera. Luego escruta alrededor con esa mirada de “me acuerdo de aquella vez cuando”, y cagamos. Si te encuentra los ojos no te larga más. Tía Gorda es esa tía que sólo ves en las fiestas de fin de año y nunca recuerda tu nombre. De hecho, antes de saber quien sos cree que sos tu hermana/o y o tu prima/o. Pobre tía Gorda, pienso, está más cerca del arpa que del violín. Pero cuando dejo la ensalada de papas en la mesa y la veo arremeter contra dos adolescentes víctimas con la pregunta:

—¿Conocen el quiosco nuevo que está en la esquina de mi casa, el del hermano de Coco?
¡Maldita tía Gorda!, me digo. Y ella comienza:
—¡Ah! Porque lo asaltaron.
A lo que mis primos responden:
—¿En serio que lo asaltaron?
—¡Más bien! —dice tía Gorda— y bien hecho porque abría a la madrugada y todos los borrachos se instalaban justo al lado de mi casa y meaban la pared.
Luego viene la obvia deducción:
—Seguro que ahí vendían droga también.
Y se confirma con movimiento afirmativo de su cabeza dibujando otro
—¡Bien hecho!
Tía Gorda no es tonta.

Si ella tuviera la intención de entablar una conversación, en vez que querer torturarte hablando de ella, sería querida. Pero no. Ahí está, firme en la punta de la mesa, apoltronada en su mirada sugestiva, de tal manera convencida a aturdirte que dá pánico alcanzarle hasta un vaso de Terma Serrana. Porque tía Gorda utiliza ese tipo de estrategias, por supuesto. Te solicita un favor bajo el pseudónimo común de querida/o y ¡sácate!, quince minutos mínimo. Ella sabe que sus ego–cuentos le importan un comino a todos, pero es conciente de que vos sos “chico” (ya no tanto) ergo, tenés que respetarla. Entonces, resentida por el desinterés general hacia su petulante idiosincrasia, se ensaña en hacerte pasar un mal rato. Tía Gorda es una vieja podrida, esa es la verdad. De esas que hay en cualquier familia. Pero el problema no es que sea vieja, ¡hay cantidad de viejos con los que dá tanto gusto charlar! ¡Ella es podrida! Lo peor del caso es que tus padres, tíos y demás tías te dicen: “y bueno, escuchala a la pobre vieja, no seas maleducada/ o”, y se piensan que porque alguien simplemente es viejo hay que tenerle paciencia a sus retobos, esos que jodieron siempre. Es así que para lograr la quietud de una efusiva noche de petardos (ceremonia que agrada a todos, claro) no nos queda otra opción que la de reñir con esos hombrecitos malvados que habitan en los humores y que desean hacernos saltar la térmica, de vez en cuando. Sobre todo, si la existencia de una “tía Gorda” se concreta cada vez más, a lo largo de los años.

Luego de largas charlas filosóficas-productivas de medio pelo y unos mates: el momento registrado.

Las reuniones de producción de humores, digamos...
Me colgué con el cable
(por Camila Fernández)

Cada vez surgen más programas de TV locales de entretenimiento, que se presentan como el lugar donde se puede acudir para informarse acerca de lo que acucia a nuestra comunidad. Pero al verlos, no se entiende de qué tratan, por qué se llaman así, ni por qué son los más mirados.

Cuestión de códigos

“Mandá un sms y opiná”, dijo la estrella femenina con una sonrisa de esquina a esquina, mientras la lente del zoom le chocaba la nariz en un primerísimo primer plano. Simpática como quinceañera la conductora. Con altas sospechas escribí el mensaje para ver, directamente, cómo lo transformaban en algo que jamás habría dicho, pero no pasó eso. “El problema es que la sociedad de Paraná es muy conservadora e intolerante, le molesta ver a tantos chicos juntos. Habría que dejarlos tranquilos porque no les hacen daño a nadie”, decía el sms que mandé, y nunca leyeron ni una sola palabra de él. La discusión de si los jóvenes de “tribus urbanas” debían permanecer en la intersección de San Martín y Urquiza, cerró con comentarios de la audiencia al estilo “lo peor de todo es que los chicos no tienen futuro”, “sus familias no los contienen”, “las drogas cambian los comportamientos de nuestros chicos”, “los paros docentes los desequilibran”, etc. Uno, dos, tres, ¡plaf, pluf, plam!, y nos estaban vendiendo desodorante para pies y crema para callos durante varios minutos del aire. Terrible. Uno queda autista mirando como si fuera su tema preferido en la tv, y hasta arriesga algún comentario anecdotario para su interlocutor como: “vos sabés que el mes pasado me salió un callo”, deviniendo en todo un muestrario del conocimiento pedicuro que poseemos por lo que resta del tiempo dedicado la publicidad, hasta que volvemos a ver la cara de plastilina del conductor, que se está comiendo un helado, de “Heladería Picho, el helado más rico y sabroso para toda la familia”. Sería un problema si del otro lado de la pantalla no hay una familia tradicional, sino una pareja swingers, divorciados, homosexuales, huérfanos o cualquier ser humano sin deseos de tener hijos ni de contraer matrimonio.

Ya el colombiano Jesús Martín Barbero, filósofo e investigador en comunicación, decía que la televisión tiene en América Latina a la familia como modelo de audiencia, porque ella representa para las mayorías una situación de reconocimiento. En tv nada de rostros misteriosos y raros, su discurso familiariza todo y torna cercano hasta lo más distante, por eso es incapaz de enfrentarse a los prejuicios más “familiares”.
[1] Entonces se vuelven comunes las frases: este es un programa para la “gente como uno”, “con códigos”. Y para dicha de todos nosotros, no es el único programa local con esquemas tan delicados y cautelosos de las buenas costumbres, con contenidos que van desde: sorteos de bicicletas, un resumen deportivo, 500 horas de publicidad y. Eso.

En el otro canal de aire que se ve masivamente en Paraná, podemos ver una producción similar. Este programa está construido para publicitar productos y eventos de todo tipo, con segundos de información y entrevistas (a los realizadores de eventos o modistas que venden su diseño de ropa e indumentaria). Entre publicidades la información que se ofrece va desde ordenanzas municipales a sucesos delictivos de la región presentados tendenciosamente. Un ejemplo de ello, sería una emisión en la que una de las co-conductoras contó que dos muchachos de 13 años habían robado choclos de unos maizales y habían sido arrestados. Luego recordó a la audiencia que la policía no puede detener a menores de edad y recluirlos, sino que debe informar a sus padres o tutores. Comentó que también llevaron los choclos a la comisaría y se preguntó: que habrá pasado con ellos, si no se los habrán comido los oficiales. Inmediatamente el conductor carismático interrumpió y dijo en sarcástico tono: “NOO, yo, como responsable del programa desacredito lo que acaba de decir la señorita. No se trata de una simple travesura, y nosotros no vamos a hacer apología del delito”, cerrando la escena entre risas y chabacanería. Lógicamente, la co-conductora tuvo que retractarse.

Otro ejemplo, es la información que se dio sobre los planes sociales que se retiran con la tarjeta Sidecreer. Primero se dijo que las tarjetas llegan por correo y seguidamente, que como ellos hacen “periodismo serio”, era necesario “desmitificar” la idea de que “hurtando” otra tarjeta se podía recibir dos planes, porque el correo debe confirmar que el responsable haya recibido la tarjeta para que sea activada. Como podrán ver, el imaginario que se tiene de la persona que pidió el plan configura la información que se da: como es pobre, es delincuente y tratará de sacar ventajas del Estado. Además de que se acota lo de interés relevante a comentarios de este talante. Lo que aquí sale a la superficie es que la audiencia que continuamente está recibiendo estos mensajes está de acuerdo con semejantes interpretaciones del mundo (si no, no se explica por qué sigue el programa) y se indigna. Después, los indignados también somos varios. Y ni hablar si tenemos en cuenta los “mensajecitos” que hay que mandar para participar, respondiendo cosas como: “Ahora con el tema de la igualdad de género, ¿está bien que la mujer trabaje; o más bien debe quedarse en su casa cuidando a su familia?” Ya deben saber lo que han respondido las buenas madres.

¿La TV y la cultura, o la TV es cultura?

Haciendo zapping los viernes a la noche, podemos encontrar otra producción en vivo y en directo, pero que es un tanto particular para la sociedad que nos constituye.

Al programa van ciudadanos de cualquier barrio a exponer sus talentos y concursar por modestos premios. Ver a la gente bailar, cantar, desparramarse sin pudor sobre el suelo y escuchar colas de “saludos a todos los que me conocen”, es consecuentemente gracioso. Y a pesar de la mala producción, la falta de inversión, los imprevistos y la pedantería de algunos, podría decirse que es un programa cultural, con verdadera inclusión del público. Las personas participan: retroalimentan con sus bailes y sus mensajes (leídos) el guión de la noche. Claro que los que miran los programas que anteriormente describí jamás lo verían, porque es “grasa”, aunque sí ven el de Tinelli.

Para entender el fenómeno sin enojarse demasiado, hay que recordar (antes de putear) que lo que subyace a cosmovisiones como estas es, por ejemplo, la idea de que “la cultura” es algo que se compra en una librería, o en la boletería de un teatro.

La cultura es un concepto, y como todos los conceptos, interactúa con una historia y una experiencia cambiantes. Según Raymond Williams, antropólogo y uno de los intelectuales ingleses más importantes del siglo XX, la cultura es un “proceso social constitutivo creador de estilos de vida específicos y diferentes”, no se trata de nada homogéneo ni de algo que se tiene de una vez y para siempre, mucho menos de “lo culto” como algo única e intrínsecamente relacionado a las bellas artes.
[2] Barbero también habla en estos términos y dice que la televisión no es sólo un asunto de comunicación, sino de cultura. Sin embargo muchos siguen preguntando dónde está la cultura en la televisión, cuando es la noción misma de cultura, su significación social, la que está siendo modificada por lo que se produce en y el modo de reproducir de la televisión. [3]

El plus de la TV

Pero además de haber “programas culturales” y “no culturales”, hay otros que dicen ofrecer un “plus”. Hablo de los que se titulan con nombres como Extra, Express, Plus, Más, seguidos de TV. ¿Y de qué tratan? Se pregunta uno cuando los ve emerger de la pantalla carnívora. Porque justamente, esos nombres no dicen absolutamente nada, están vacíos, como sus contenidos. En ellos lo que predomina, acorde con la posmodernidad, es la estética, la forma. Generalmente, se trata de dos conductores que presentan entrevistas a la vedette que estuvo el fin de semana en el teatro, muestran la noche y los tragos súper top que se preparan en los boliches, te recomiendan qué ponerte para salir, sortean remeritas del local del centro y. Se terminó. ¿Alguien puede definir el contenido de un programa como ese? A mí se me ocurre “magazines” como lo que más se les acerca y ni siquiera son eso. Los conductores son acríticos, más bien son presentadores de productos y llevan las pautas del tiempo que debe tener la dinámica cambalache del show. No se acercan a un periodista ni a patadas.

El problema primordial es que estos programas se presentan como si fueran lo no-ideológico. Ellos dicen: “acá de política no se habla”, esto es para la “gente común”, hacemos un programa de “interés general”; y se consumen como si fueran el nexo entre el mundo de los medios y una localidad perdida en el mapa como Paraná, Santa Fe o Santo Tomé, buscando vínculos de identificación y representación. Sin embargo, en el terreno implícito del discurso son sumamente discriminadores y hasta xenófobos. Y si hubiera que rechazar a todas las personas con características despreciables desde estas perspectivas de verdad, les aseguro que no quedaríamos ninguno, señores, en esta tierra de sudacas pobres y con olor a pata. Porque eso es lo que somos, “los argentinos descendemos de los barcos”, dijo J. L. Borges y recibió arduas críticas de los que sueñan con ser europeos.

Al respecto, María Cristina Mata, investigadora de la Universidad Nacional de Córdoba, dijo que mientras los medios privados de comunicación sean instituciones que luego de formarse constituyen un público, jamás podrán permitirle a una comunidad que se exprese y se reconozca en sus diferencias y coincidencias, sencillamente, porque responden a intereses privados.
[4] Por eso cuando un programa consigue auspiciantes y luego se pregunta ¿qué podemos hacer, para quién?, muchos no nos sentimos parte de esa comunidad que propone, porque está excluyendo a la mayoría e imponiendo un modo de sociedad uniforme que evita los conflictos y estigmatiza las diferencias. Muestra que “está todo bien”, más aún si te comprás esa crema para los hongos del pie.

Espacio público-publicitario

Por lo demás, se puede notar que lo que muestran estos programas tiene sin cuidado a sus realizadores: son una excusa para pasar publicidad. La violación de normas que se lleva a cabo es de dimensiones bíblicas. Según el Comité Federal de Radiodifusión (COMFER), por una hora de programación al aire sólo pueden emitirse 12 minutos de publicidad. Les cuento que para hacer esta nota me he tomado el trabajo de contar los minutos en los que se ofrecen productos y etcéteras y sí: hecha la ley, hecha la trampa. Fíjense ustedes qué guachos, lo que hacen es publicitar al aire (las famosas PNT, publicidad no tradicional) además de hacerlo en las tandas. Las PNT, además de vender yogures y ropa, incluyen los sms y llamadas telefónicas, que son modos de recaudar ganancias que luego se reparten con las empresas de teléfono.

Supuestamente, el COMFER debería controlar la cantidad total de espacio que se utiliza con estos fines, pero no lo hace (a pesar de saberlo perfectamente, no nos chupemos el dedo, señores), o cobra multas insignificantes en relación a las cuantiosas sumas que dejan las publicidades a los canales y programas. He aquí los resultados de mi estupenda suma: por una hora de programación estamos viendo 24 minutos de publicidad, aproximadamente y con regularidad en la mayoría de los canales. ¿A ustedes les parece?

Y sí. Al estilo Pettinato pero más trágico, dan ganas de colgarse con el cable, literalmente, hasta dejar escapar la última bocanada de aire. Pero, pero, pero, tal vez como excluidos del aire se nos ocurra algo para hacernos visibles algún día en la pantalla, sin estereotipos armónicos que nos encapsulen y apoltronen de risa en el sillón del living-room, hasta fallecer por exceso de sentido común.

[1] J. Martín Barbero, De los medios a las Mediaciones. Comunicación, cultura y hegemonía. G. Gili, Barcelona, 1987

[2] Raymond Williams, Marxismo y Literatura. Ediciones península, Barcelona, 1980.

[3]J. Martín Barbero, De los medios a las Mediaciones. Comunicación, cultura y hegemonía. G. Gili, Barcelona, 1987

[4] María Cristina Mata. Ponencia realizada en el VI Encuentro Nacional de Carreras de Comunicación Social, en la Facultad de Ciencias de la Educación, UNER, 2008.

Robertico!!
100 años del teatro 3 de febrero ¿y?

Tan lejos, tan cerca
(por Roberto Viglione)

El 3 de Febrero cumple 100 años. Estas son algunas maneras de pensar la relación del Teatro con el público, con la ciudad, con la cultura.


Fernando y Natalia nunca pagaron una entrada para ingresar al Teatro 3 de Febrero. Son novios hace casi tres años, estudian en facultades del centro y viven en barrios de Paraná: él en San Agustín, ella en AATRA. A veces en algún recital piden para entrar cuando promedia el show y de acuerdo al humor del tipo de la entrada, logran meterse y sentarse en el pasillo o en los últimos asientos, si tienen suerte.
Es notable observar cuanta gente pasa por el Teatro todos los días y lo ve como algo ajeno, como un edificio más, sin percibir que pasa delante de una obra arquitectónica extraordinaria (cuya dirección de obra estuvo a cargo de arquitecto Lorenzo Siegerist) que, en teoría, es de todos los paranaenses y que debiera estar al servicio de los ciudadanos en cuanto al derecho al esparcimiento y al disfrute de un espectáculo digno.
El Teatro 3 de Febrero es municipal, pero los empleados de la comuna no obtienen ninguna clase de bonificación/descuento al comprar las entradas. Los estudiantes universitarios no corren mejor suerte: cada tanto en determinado evento pueden pagar algo más barata la entrada, pero lo cierto es que no hay ningún convenio con las universidades públicas para que los alumnos obtengan algún descuento.
Para el Centenario del Teatro viene la Orquesta Sinfónica Nacional dirigida por un entrerriano, Pedro Ignacio Calderón, conjunto que ya estuvo en el festejo de los 100 años del CAE hace 2 temporadas (siempre a la vanguardia, gordi). En tanto que con la aspiración de calificar de “popular” al festejo, un día antes, toca la Banda de Música de la Policía de Entre Ríos, grupo que actuó en cuanto acto patriota/escolar ha habido en el territorio provincial.
Pasaron 100 años y el Teatro no puede romper el corset tradicional de estar de espaldas a la gente común (que irá a ver la Banda de Policía en su mayoría). La nueva versión binaria de Las Divinas y Las Populares del programa Patito Feo parece una continuidad (berreta, edulcorada y maquillada de Don Carlitos Marx y su lucha de clases) de lo que sucede con quienes van al Teatro. Es muy probable que al tocar la Sinfónica se llene de señoras empolvadas, con pieles, mucho maquillaje y con un apellido de cierto status social, como viene ocurriendo hace algunos años (N del R: este cronista concurre al Teatro con cierta asiduidad, casi siempre al gallinero denominado Paraíso y puede dar fe de lo que manifiesta). Personas que se han apropiado del Teatro, que se sienten dueñas de la Cultura y que, teoría paranoid, acaso van más al Teatro a figurar, a mostrar (y a parecer) que son amantes del arte en actitud snob que a disfrutar realmente del espectáculo que pueden (con holgura) pagar para observar. Son los mismos individuos que pueblan la entrada y los pasillos del Teatro en las funciones de gala, quienes en las vísperas de un día patriótico, sintiéndose en su salsa, saludan a la bandera y luego se estrechan entre sí fervorosamente.
Si bien se mira, tienen gusto a poco las actividades pensadas para el Centenario del Teatro. Las autoridades podrían jugarse y traer en la fecha que ellos llaman “popular” a León Gieco, por ejemplo. No demasiados teatros llegan a 100 años de existencia, y si se pensara en la cultura no como un gasto, ni como una erogación presupuestaria, sino como una inversión a favor de la ciudadanía, tranquilamente podrían haber convocado a una figura de renombre nacional para regocijo gratuito de los paranaenses que lo presencien.
No se puede soslayar que la inauguración de la más reciente edición de Teatro x la Identidad no pudo hacerse en el Teatro, debido a que allí se realizó un acto partidario del oficialismo, dando cuenta real de las prioridades que existen en cuanto a la cultura.
Además conviene mencionar que, en la última edición de la Selección Provincial de Teatro, ninguna obra se representó, justamente, en la mejor sala teatral de la ciudad.
De un tiempo a esta parte, hay que decirlo, la Orquesta Sinfónica Provincial, una de las pocas cosas interesantes que mantiene la Subsecretaría de Cultura provincial, por obra y gracia de algún iluminado, dejó de ensayar en el Teatro (su lugar habitual) para pasar a practicar en la Vieja Usina un sitio que, remodelado, refaccionado y todo, no reúne las condiciones mínimas de acústica que la Orquesta necesita, ya que por más buena voluntad y arreglos que existan, no deja de ser un viejo galpón.
Respecto de la cultura local, muy de vez en cuando actúan bandas paranaenses de rock & pop, obras de teatro muy excepcionalmente y es casi un milagro que producciones locales de cine se muestren en el coliseo. Sólo algunos miércoles se hace La Noche de los Nuestros, con recitales de artistas locales, separando territorialmente al arte y como si por el hecho de ser nuestros signifique calidad artística. También el teatro se utiliza para que determinadas escuelas de danza y/o variedades muestren su espectáculo a fin de año, para complacencia de familiares y amigos de los pequeños artistas. Pero esto no puede llamarse estrategia para el desarrollo cultural de los paranaenses, porque apenas el Teatro cumple la tarea de ser receptor y coordinador de algunas de estas muestras finales, con todo lo que implica para esas personas estar actuando en le coliseo mayor de la ciudad.

Da un cosquilleo recorrer este teatro, sus recovecos, telones, camarines, bajar a la fosa, detenerse en cada detalle, observar desde lugares distintos los retratos pintados en el techo de estos 4 grandes músicos: Verdi, Puccini, Donisetti y Brahms; caminar sus tablas llenas de voces en el silencio, de nervios, de expectativas, de aplausos y de magia. Esto no lo pueden opacar las mediocres gestiones que le han tocado en suerte sufrir al Teatro. No lo cambia un ingeniero que administre la cultura paranaense con aires de emperador.

Por él han pasado glorias, en serio: Enrico Caruso, Florencio Parraviccini, los Hermanos Podestá, Margarita Xirgu y más recientemente los Le Luthiers, Alfredo Alcón, Martha Argerich, Norma Aleandro, Julio Bocca, Enrique Pinti, Luis A. Spinetta, entre otros grandes; hasta tocó Divididos en un antológico recital acústico/eléctrico. La mayoría de las figuras que han pasado por el Teatro 3 de Febrero se sorprenden por su belleza, encanto, acústica y felicitan a los paranaenses (y nos piden que lo cuidemos) por poseer un sitio como este. ¿Lo estaremos cuidando?



viernes 5 de diciembre de 2008

la chancleta cumplió años


la chancleta cumplió 1 año en las calles de Paraná y está vez salió junto con la radiopeña de noviembre de Radio Cualquiera.

La gente que trabajó en los talleres de la Editorial Fundación La Hendija  le ofrece un trabajo 100% artesanal. Aproveche!

he aquí la prueba!

los últimos ejemplares lo están esperando!

sábado 12 de julio de 2008

la chancleta 5

En esta edición:

-Comunicación en el Roballos (o el modo de abrir ventanas)
Por Mariana Bolzán
La creación de un área de comunicación y la posibilidad de repensar el imaginario de la locura y el psiquiátrico en la sociedad.

-La nueva Reina de la Noche

Por Roberto Viglione.

Consideraciones sobre la Play Station y su implicancia social. Hábitos y usos que suscita en los últimos tiempos.


-"La permanente presencia de las ausencias"
Por María Emilia Elizar
La realización de Ausencias, la muestra de Gustavo Germano, que ha transitado por distintos lugares de Europa, con protagonistas de este lado del mundo.


-100 volando. Confabulaciones en la peatonal
Por Camila Fernández
Relato acerca de la invasión de pájaros en el centro y las repercusiones del hecho en comerciantes y transeúntes. El mito del Capitán "Pájaro Negro".


Además...
La Torre de Mabel
Rafael Cruz, de México, expone sus fotografías.

la chancleta
$2

Podés conseguirla en Parada Rivadavia (Rivadavia y Buenos Aires) o contactándote a
la-chancleta@hotmail.com