por Roberto Viglione
El tradicional Mercado La Paz deja de latir para darle su lugar a un ícono de la posmodernidad: un shopping, acaso uno de los anhelos de la sociedad paranaense. El rol del Estado. El destino de los puesteros. El ciudadano devenido consumidor.
Los tiempos cambian, dicen muchos, y hay que adaptarse a la modernidad. Enclavado en un lugar estratégico de la ciudad (Pellegrini y Venezuela), el Mercado Central La Paz va camino a convertirse en un shopping. Un paraíso de consumo que muchos locales y visitantes consideran increíble que no haya en Paraná.
Del proyecto del shopping se viene hablando desde 1994, en el esplendor de la década menemista. Desde entonces, por el Mercado han pasado lobbistas, funcionarios con roles ambiguos, escaladores oportunistas, mesías con portafolio, prometedores profesionales y algún arquitecto con sueños de crear la meca del consumo.
Hace un tiempo se abrieron las licitaciones para la refacción y puesta en valor del Mercado, y ganó una empresa: YMK S.A., que pagaría la irrisoria cifra de $ 8.000 mensuales de canon. Otra vez el Estado idiota que se deja engañar por espejitos de colores y van… La idea de la Municipalidad (y de la empresa) es trasladar a los puesteros a un lugar cercano: a Perú y Chile, donde funciona la Dirección de Emergencias Médicas de la Provincia.
Ese lugar también fue prometido como espacio de comercialización a los vendedores ambulantes de la peatonal y la Plaza de Mayo. Desde diciembre deberían haber estado instalados allí, pero llegando a la mitad del año, la situación cambió poco y nada: el lugar está semidesierto y sólo pintaron un muro para que se genere una sensación de inminente traslado. Y los vendedores continúan en la peatonal.
La dilatación del cumplimiento de la medida para con los vendedores ambulantes, hizo crecer el escepticismo entre algunos puesteros que se preguntan por qué habría de ser distinto el panorama para ellos.
Los puesteros que aceptarían la propuesta y que creen que el Mercado como está no puede seguir funcionando, exigen que el traslado sea lo menos traumático posible y que el lugar de destino tenga las condiciones edilicias y de funcionalidad adecuadas para trabajar. No quieren que pase mucho tiempo en la transición de la mudanza, porque un día sin trabajar les cuesta demasiado.
El edificio donde funciona el Mercado La Paz fue donado en 1922 por la familia Berduc. Allí hay más de 30 personas que laburan, viven de eso y pagan sus cánones a la Municipalidad como corresponde. Algunos de estos puesteros están desde hace más de 50 años, en otros casos son un par de generaciones que sobrevivieron a ministros de economía que confundían la Nación con una empresa y a intendentes con menos visión de panorama que el Chapu Braña.
Una de las concejales oficialistas que acudió a la reunión con los puesteros del Mercado, apoyó la idea del shopping porque “los fines de semana me aburro encerrada y sino tengo que irme al shopping de Santa Fe”. Escenas paranaenses de menemismo tardío.
Se trata de una inversión cercana a los 15 millones de pesos y el plazo para la concreción de los trabajos se estima en aproximadamente 10 meses. Se proyecta la instalación de 35 locales, playa de estacionamiento subterránea, locales comerciales y gastronómicos.
Hay una retracción del Estado en situaciones como ésta, en las que se pone en juego lo público, lo de todos. En Paraná tenemos tristes antecedentes en ese sentido, donde el sector privado hizo fabulosos negocios a costa (y en lugar) del Estado: en las playas del Thompson, en el galpón del Puerto Nuevo y en la casi segura venta del Hipódromo, sólo por citar algunos casos.
No es casual aquella postura de que el Estado todo lo maneja mal y lo administra peor. Es un discurso lanzado desde ciertas estructuras de poder que se fue enraizando en las clases medias y hasta en algunos sectores populares. Es una construcción discursiva que les ha servido de mucho a las empresas para tomar áreas y tareas estratégicas del Estado y hacer grandes negociados con la venia (y los bolsillos abiertos) de las administraciones de turno, sean ellas peronistas o radicales.
Hay ejemplos de que espacios como éste funcionan en medio de la era de los shoppings y la posmodernidad. En el corazón de Capital Federal, en el núcleo del barrio de Caballito, Primera Junta, existe el Mercado del Progreso, un lugar de casi una manzana que sigue vendiendo mercaderías, carnes, frutas, verduras, etc., como desde hace varios años. Este cronista, de niño, era un asiduo visitante de ese mercado, cuando acompañaba a su madre a hacer las compras. Hoy, los cheffs de vanguardia del canal Gourmet recomiendan comprar allí por el trato personalizado, la experiencia de los puesteros y la calidad de los productos. Y eso no quiere decir que ese barrio se haya quedado en el tiempo. A cinco cuadras de ese lugar funciona un típico shopping como los que abundan en Buenos Aires. Ambos conviven y subsisten tranquilamente, no es un milagro porque está determinada la función de cada uno y la gente sabe qué va a buscar a cada lugar.
Con respecto al Mercado La Paz, que hace 20 años llegó a tener cien puestos, las distintas administraciones lo han ido dejando caer. La desidia y el abandono fueron moneda corriente y permitieron que en la comunidad local vaya prendiendo la idea de que “algo hay que hacer con el Mercado”. En las últimas administraciones, cada puesto que cerraba o se iba del mercado, se derribaba, y así se ha reducido notablemente la cantidad de puestos instalados. Sólo en la administración de Humberto Varisco (1987-1991) hubo un mejoramiento de las condiciones edilicias del edificio, se le dió cabida a los reclamos de los puesteros y se regularizó la situación con ellos.
Junto con la buena administración del Mercado, la colaboración del Estado con los puesteros y de la mano de la cultura se podía volver a poner en valor este mítico espacio. Hasta hace poco dos de los mejores bares de la ciudad estaban allí, sobre calle Venezuela, ligados con el Mercado y con propuestas artísticas que atraían a los jóvenes constantemente. No sólo los bares: hasta hace unos meses estaba el Centro Cultural La Panadería, que organizaba recitales, obras de teatro y demás. Hace poco más de tres años, un viernes de otoño, se hizo en la instalaciones del lugar un recital de música cubana organizado por la Municipalidad, en el que mucha gente pudo disfrutar de un buen show en un sitio muy caro a los sentimientos de pertenencia de los paranaenses. Si se hizo una vez desde el Gobierno Municipal y se dejó que el arte se entremezcle con el Mercado, por qué no se lo puede hacer ahora.
Es Estado tiene las condiciones y las herramientas necesarias para reflotar y revivir lugares que poseen una tradición y una importancia enormes para el verdadero desarrollo estratégico de la ciudad. Es potestad del Municipio y de todos los paranaenses decidir que el Estado se haga cargo de las tareas que le corresponden, o seguir regalando lugares públicos y que el mercado se coma al Mercado.